Apr 15

El caso Baltimore y el incidente Water Witch: dos casos de los EE.UU. en América Sur

Wednesday, April 15, 2015 9:40 AM

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The USS Baltimore (Cruiser Number 3)

The USS Baltimore (Cruiser Number 3)

Los Estados Unidos (EE.UU.) tienen una historia muy extensa de intervención en América latina. Durante el siglo XX, los EE.UU. envió infantes de marina entre muchos países, en una época conocida como las guerras banana. Antes de estas incursiones, los EE.UU. luchó contra España y le quitó el imperio español de América latina después de casi cuatrocientos años. Usualmente, los historiadores miran la guerra español-americana como el punto donde los EE.UU. empezó ser un poder mundial y una nación imperialista. Pero, algunos historiadores apuntan a otros eventos como el punto donde los EE.UU. empezó a mirar su mismo como poder mundial. El caso Baltimore fue un conflicto diplomático entre Chile y los Estados Unidos durante los años 1890. Un buque estadounidense, el USS Baltimore, visitando la puerta de Valparaíso sufrió un ataque contra sus marineros por una turba chilena.

Harbour of Valparaiso, Chile.

Harbour of Valparaiso, Chile.

Este ataque casi precipitó la guerra entre los EE.UU. y Chile. La importancia del caso Baltimore, para la historiadora Joyce Goldberg, es que el caso prueba que los EE.UU. se vio a sí mismo como poder mundial. En esta interpretación la guerra español-americana solo es “considerablemente menos una causa del nuevo estado de los Estados Unidos como poder mundial que una expresión o una afirmación del poder y el rol que los EE.UU. ha tenido más temprano.”[1] (Goldberg, 142). Pero, la historia de los EE.UU. en América del sur muestra que incidentes como el caso Baltimore no son inusuales. En los años 1850, otro incidente casi estalló en una guerra entre un país suramericano y los EE.UU. El incidente Water Witch causó una pelea diplomática entre los EE.UU. y Paraguay e inició el viaje de la flota de buques de guerra estadounidenses más grande antes de la Guerra Civil. (Love, 242) Estos dos incidentes en la historia de relaciones entre los EE.UU. y los países de América del sur son pruebas de que los EE.UU. no actuaba diferente en los años 1850 y los años 1890. Desde que los EE.UU. no era poder mundial durante los años 1850s, como máximo los EE.UU. era un poder regional menor, el caso Baltimore no se puede ver como ruptura en conducta diplomática estadounidense. En lugar de ello, se debe considerar las acciones de los Estados Unidos durante el siglo XIX en su conjunto y como fundamente similares.

El incidente que empezó el caso Baltimore ocurrió el 16 de octubre 1891. El barco USS Baltimore estaba en la puerta de Valparaíso para proteger a ciudadanos estadounidenses y su propiedad. Chile estaba en una guerra civil entre las fuerzas de José Manuel Balmaceda, el presidente de Chile, y las fuerzas del Congreso chileno. El Baltimore llegó a Valparaíso en abril y se quedó en Valparaíso hasta octubre. (Goldberg, 2) Las fuerzas del Congreso ganaron la guerra civil con la derrota de las Balmacedistas en la batalla de Placilla en Augusto y el capitán del buque, Winifield Scott Schley, escribió a sus superiores que en su opinión la presencia del buque no era necesaria. (Goldberg, 2-3) Pero Schley fue ordenado a quedarse. (Goldberg, 3). Había indicaciones que a los chilenos no le gustaban la presencia del Baltimore. Por esta razón, Schley no permitió a sus marineros tener libertad a la orilla. Marineros de Alemania, Francia, Inglaterra fueron permitidos tener libertad, pero Schley sintió que había “sentimientos fuertes y de mucha hostilidad” de la población chilena. Pero en octubre su opinión del sentimiento público en Valparaíso cambió, reportando que “todo es tranquilo en Valparaíso, y las posibilidades de que todo colocarse mejora cada día.” (Goldberg, 3) El 16 de octubre, Schley finalmente permitió 117 libertades a la orilla.

El día pasó sin incidentes. Schley reporto que “Yo estaba muy impresionado por su disciplina, su limpieza, y su cortesía a todos que visten en las calles.” (Goldberg, 4) Otro oficial americano comentó que los marineros se comportaban bien, sobrios, e incluso saludaban a todos los oficiales de armadas extranjeras. (Goldberg, 4) Pero las dificultades empezaron cuando dos marineros estadounidenses visitaron una taberna llamada Taberna Verdadera Azul. Charles Riggin y John Talbot se estaban divirtiendo, cuando un soldado chileno quería empezar una pelea con Riggin. Talbot intentó parar la pelea pero el soldado escupió en su rostro y Talbot lo empujó al suelo. (Goldberg, 5) Una turba de chilenos inmediatamente se formó y atacó a los marineros. Talbot y Riggin huyeron y fueron separados. Intentando esconderse en un tranvía, la turba lo rodeó y forzó a Riggin y Talbot afuera. La turba inmediatamente cayó sobre Riggin, acuchillándole y golpeándole repetidamente. (Goldberg, 8) Talbot intentó a ayudar a su amigo, pero huyó cuando él fue acuchillado en la espalda.

La turba persiguió a Talbot, acuchillándole y lanzado piedras a él. Talbot trató de esconderse en una taberna, pero la turba lo encontró y trató por una hora de forzar la entrada y arrastrarle afuera. Talbot escapó solo cuando un policía le llevó a la cárcel, asegurándose de ocultar su uniforme bajó un abrigo grande. (Goldberg, 7) Riggin no era tan afortunado como su amigo. Otro marinero del Baltimore, sin uniforme, trató de ayudarle a escapar, pero un escuadrón de policías disparó sobre ellos y mataron a Riggin. (Goldberg, 9) A lo largo de Valparaíso, marineros en uniformes estadounidenses fueron atacados por turbas chilenas. El resultado de los disturbios el 16 de octubre fueron las muertes de dos marineros estadounidenses y la detención de cuarenta y ocho, diecisiete de ellos heridos seriamente. (Goldberg, 19)

Schley se informó de los disturbios la misma noche pero decidió dormir y buscar más información sobre la situación en la mañana. (Goldberg, 59) La próxima mañana Schley envió oficiales a Valparaíso para investigar la situación. El informe oficial de Schley sostenía que sus marineros no instigaron los disturbios y que ellos estaban sobrios. Según Schley, monjas en el hospital “declaraban sin reservación que los hombres estaban sobrios cuando ellos llegaban a esa institución.” (Goldberg, 60) Más prueba por su opinión que los marineros no instigaron el ataque fue la decisión del juez e intendente de Valparaíso de liberarlos “individuamente sin culpa.” (Goldberg, 61)

La versión de eventos descritos por autoridades chilenas era muy diferente de la estadounidense. Según el comandante de la policía, los disturbios empezaron por culpa de los marineros estadounidenses, quienes empezaron la confrontación con el soldado chileno en la taberna. (Goldberg, 10) También ellos afirmaron que no dispararon a los marineros. En cambio, insistieron que la muerte de Riggin fue causada por una pistola de la turba. Muchos de los policías declaraban que no era más de un disparo. (Goldberg, 13) Nadie sabe exactamente que pasó pero es más probable que la afirmación de los marineros es la versión correcta, a lo menos por las acciones de la policía. No podía ser solo un disparo porque el otro marinero con Riggin también tenía heridas de balas. El caso Baltimore al principio era un incidente bastante pequeño, lamentable, pero no tan importante que los EE.UU. y Chile podían luchar en una guerra sobre el incidente. Pero el orgullo y la determinación de estar en lo cierto casi condujeron a los EE.UU. y a Chile a una guerra.

La crisis diplomática empezó el 26 de Octubre cuando el ministro EE.UU. a Chile envió una carta al ministro de relaciones exteriores chilena, Don Manuel Matta, describiendo el incidente de la perspectiva del Capitán Schley y comentó que el gobierno de Chile todavía no se había disculpado. Esta carta enojó al ministro, que respondió muy enojado y dijo que no pudo comentar más hasta el fin del sumario chileno. (Goldberg, 64) La respuesta de ministro fue interpretada por algunos periódicos estadounidenses como intento de negar cualquier culpa chilena. También, los asuntos se pusieron peor por la falta de los chilenos de hacer el sumario tan rápido como los EE.UU. querían. Numerosos periódicos estadounidenses empezaron a surgir que puede ser necesario enviar la Armada estadounidense para recibir justicia. (Munchmeyer, 61) También, los chilenos comenzaban a creer que el ministro de los EE.UU. en Chile, Patrick Egan, pudiera deliberadamente estar retrasando la investigación. (Goldberg, 67) La opinión pública estadounidense continúo deteriorándose en relación a la amabilidad de Chile cuando los norteamericanos oyeron del tratamiento de otro marinero estadounidense en la policía chilena.

Un marinero, Patrick Shields, del buque comercial Keweenaw fue detenido por la policía la noche de 24 octubre con cargos sobre embriaguez. (Goldberg, 71) La próxima mañana, una vez que fue liberado, Shields fue detenido otra vez. Shields no fue liberado hasta el 2 de noviembre. (Goldberg, 72) Durante este tiempo, Shields se puso a trabajar barriendo las calles y también limpiando los establos policiales y otros quehaceres, día y noche. Shields fue golpeado brutalmente si él hacia una pausa. Según el testimonio de Shields, él perdió “casi un cuarto de galón de sangre y sangrado por la nariz y las orejas” debido a los golpes. (Goldberg, 72) Cuando él pudo regresar a su barco, fue declarado incapaz para servicio por muchas semanas. El ministro de EE.UU. en Chile investigó su tratamiento y descubrió que las autoridades chilenas no le dejaban ver a un juez y que su nombre no fue registrado en los registros oficiales de la policía. (Goldberg, 72-3) El tratamiento de Shields convenció a la opinión publica de los EE.UU. que los ciudadanos americanos no estaban seguros en Chile. “El caso de Shields reforzado la aserción que la policía chilena uso fuerza excesiva hacia los marineros estadounidenses y carecía de todos instintos humanitarios.” (Goldberg, 74)

La carta de Matta y otros disparates diplomáticos casi empujaron a los Estados Unidos y Chile a luchar. El Presidente de los E.E.U.U., Benjamín Harrison, consideró la carta de Matta “como insulto personal” y en diciembre pidió el gobierno chileno retirar oficialmente la carta. (Goldberg, 101) Pero el gobierno chileno también cometió otro disparate diplomático. El gobierno chileno pidió al gobierno estadounidense retirar a Patrick Egan y dijo que Egan era persona non grata. Esta petición enfureció a Harrison aún más. Él decidió el 21 de enero enviar una carta al gobierno chileno diciendo que “si las partes ofensivas del envío de 11 diciembre no son retiradas inmediatamente, y una disculpa adecuada no es ofrecida, con la misma publicidad que tenían las expresiones ofensivas, no tendrá ninguna apertura a él excepto terminar relaciones diplomáticos con el gobierno de Chile.” (Goldberg, 103) La crisis se acercó aún más a la guerra cuando los chilenos no respondieron inmediatamente. Cuando él no había recibido una respuesta, Harrison fue al Congreso estadounidense. Harrison pronunció un discurso que casi pidió para una declaración de guerra. “El mensaje de 25 enero pasó todo el embrollo Baltimore a la sola organización con el poder de declarar guerra, con la sugestión que tomó ‘tal acción como se puede juzgar como apropiada.’” (Goldberg, 108) Por los disparates de Chile, los EE.UU. y Chile casi fueron a la guerra.

En diciembre de 1891, la Armada de los EE.UU. empezaba a planear operaciones contra los chilenos. También, Argentina avisó a los Estados Unidos que fuerzas estadounidenses podían cruzar territorio argentino y que también Argentina podía proporcionar a la armada estadounidense carbón. Por esa ayuda, Argentina quería ganar territorio en el sur de Chile. (Goldberg, 120) La situación era muy grave para Chile. Pero, para evitar la guerra, el ministro de asuntos exteriores decidió acceder a los condiciones de los Estados Unidos. “En realidad, la resolución del caso no tenía nada del drama de su despliegue.” (Goldberg, 124) Chile acordó pagar reparaciones a las familias de los marineros. También, Chile renuncio la carta ofensiva de Matta. Finalmente, Chile decidió permitir que Egan se quedara en Chile hasta que Chile pudiera exhibir suficiente causa para su expulsión. (Goldberg, 128)

El caso Baltimore parece muy infantil para observadores modernos. Que dos naciones pueden ir tan cerca de la guerra por razones que consideramos tan insignificantes es casi inconcebible en la modernidad. Goldberg caracteriza el caso como un intento para flexionar el poder de los Estados Unidos, para demonstrar su poder a Europa y a su gente. Para Goldberg, el caso también significa que los Estados Unidos todavía no se había colocado en su posición como poder mundial. “Desde la diplomacia de los EE.UU. antes de 1898 frecuentemente finjo el hecho que estatus como poder mundial había estado indisputable para años, el gobierno estadounidense a menudo exageró la necesidad para acción enérgica o poderosa.” (Goldberg, 143) Según Goldberg, “una transformación en la política exterior estadounidense no llegara hasta que el ascenso de EE.UU. ha sido reconocido por su población propio.” (Goldberg, 143) Pero esta interpretación no es buena. Puede ver en otro incidente que el comportamiento de los EE.UU. no fue debido a que los EE.UU. no reconocia su nueva estatura. En el incidente Water Witch, un embrollo entre los EE.UU. y Paraguay que también casi terminó en una guerra, tenía muchos elementos en común con el caso Baltimore.

The attack on the USS Water Witch.

The attack on the USS Water Witch.

El incidente Water Witch empezó bastante bien, sin animosidad entre los estadounidenses y paraguayos. El buque Water Witch bajo el mando del teniente Thomas Page salió de los Estados Unidos con la misión de explorar y trazar un mapa del Río de la Plata y sus tributarios en febrero 1853. El Water Witch entró a la región del Rio de la Plata en el Rio Paraguay en Brasil y continuó hasta el rio Paraná en la frontera con Argentina. El presidente de Argentina, Justo José Urquiza, quien el año anterior había abierto todos los ríos de Argentina a todos, ordenó a todas las provincias argentinas que ayudaran al Water Witch con cualquiera de sus necesidades. (McKanna, 9-10) El buque exploró el Paraná hasta la frontera de Paraguay y preguntó del presidente Paraguayo, Carlos Antonio López, permiso para proceder a Asunción. El presidente trató el Water Witch y su capitán muy bien y le dio permiso para explorar el rio Paraguay hasta Bahía Negra, muy cerca de la frontera con Brasil y Bolivia. (McKanna, 10) López no les dio permiso para continuar hasta Brasil porque él temió que si sentaba precedente de navegación abierta del rio Paraguay, Brasil podía explotar esto para dominar a Paraguay. Pero la decisión de López prohibió a los brasileños explorar y desarrollar su propio territorio en Mato Grosso. (Love, 240) Page, ignorando el orden de López, exploró hasta Corumbá, Brasil. (McKenna, 11) Sorprendentemente, esta violación de los deseos de López no tenía consecuencias serias para las relaciones entre los Estados Unidos y Paraguay. Lo que realmente complicó las relaciones diplomáticas fueron las acciones del cónsul estadounidense, Edward Hopkins.

En agosto de 1854, el hermano de Hopkins era atacado por un soldado Paraguayo. Hopkins estaba furioso y fue a López, “en botas de montar y espuelas, llevando su sombrero y con un látigo de mano, gesticulando violentamente y exigiendo satisfacción.” (McKanna, 12) López castigó al soldado pero no dio a Hopkins una disculpa oficial. Esta decisión de López enfureció a Hopkins y causó una ruptura entre los dos. López expulsó Hopkins de Paraguay. Hopkins, temiendo por su vida, pido de Page protección. (Love, 241) De esa manera, Page se enredó en el conflicto.

El conflicto entre López y Hopkins también se extendió en el tratamiento de López a la compañía que Hopkins representó. López, con el pretexto de que la fábrica de la compañía fuera construida en tierra obtuvo ilegalmente, tomó la tierra y la propiedad de la compañía. (Comisión de Relaciones Exteriores, 71) Pero eso solo fue una excusa porque la tierra había sido adquirida legalmente completamente, la causa verdadera de la confiscación de López era el conflicto con Hopkins y la rentabilidad de la propiedad de la compañía. (Comisión de Relaciones Exteriores, 71) López no permitió a Hopkins ni a los representantes de la compañía salir de Paraguay, Hopkins por la falta de pago de sus deudas al gobierno de Paraguay, y los representantes porque ellos rechazaron dar a López la escritura de su fábrica. Page por lo tanto decidió asegurarlos y llevarlos de Asunción bajo la protección de sus cañones el 29 de septiembre. (Comisión de Relaciones Exteriores, 71 y McKanna, 12) Page con esta acción, enfureció y temió a López. Cuando Page salió Asunción, López cerró sus ríos a la navegación de todos extranjeros. Más tarde en octubre, Page recibió la autoridad de actuar como negociador de navegación entre Paraguay y los EE.UU y envió unos de sus oficiales entregar la carta oficial al ministro de relaciones exteriores paraguayo. El ministro no la aceptó, rechazando aceptar nada más que una copia en español. Page, faltando un traductor con suficiente conocimiento de español, y sabiendo que el gobierno paraguayo si tenía traductores, estaba furioso. (Comisión de Relaciones Exteriores, 45) Page pidió al secretario del Estado permiso regresar a Asunción con el Water Witch y otro buque para asegurar la aquiescencia de López. (Comisión de Relaciones Exteriores, 46) El secretario, por supuesto, no aprobó su petición.

Cuatro meses después, en febrero, Page envió el Water Witch bajo el mando de unos de sus tenientes, William Jeffers, a explorar el rio Paraná en la frontera de Paraguay y Argentina. En el curso de sus exploraciones, el buque pasó cerca de un fuerte paraguayo. Los paraguayos intentaron parar al Water Witch, por la orden de López que cerro los ríos paraguayos a todos, pero porque el Paraná es en la frontera de Argentina y Paraguay y el buque si tenía permiso para explorar de Argentina, Jeffers no prestó mucha atención a los paraguayos. (Comisión de Relaciones Exteriores, 50) El fuerte disparó dos tiros en blanco, pero su tiro de advertencia, por falta de una puntería mala, golpeó el timonel y le mató. El Water Witch trató de devolver el fuego, pero no pudo porque no tenía tantos cañones ni suficiente espacio en el canal para maniobrar sin peligro para combatir el fuerte. (Comisión de Relaciones Exteriores, 50-1) Jeffers regresó a Page quien preguntó al capitán de otro escuadrón de buques americanos para regresar a Paraguay y destruir el fuerte. (McKanna, 15) Este otro capitán rechazó sin permiso del secretario de la Armada para una acción punitiva. (Love, 242) Al principio, los Estados Unidos no prestó tanta atención al incidente Water Witch. El congreso estadounidense investigó el incidente y decidió que la culpa era de Paraguay y que el Presidente Pierce “está autorizado…a usar cualquier fuerza que en juicio puede ser necesario.” (Comisión de Relaciones Exteriores, 5) Pierce, porque tenía muchos problemas domésticos, no hizo nada. Su sucesor, James Buchanan, decidió forzar a Paraguay dar satisfacción por el ataque y envió “la expedición putativa más grande durante un tiempo de paz jamás reunida durante la edad de la vela.” (Love, 242) La expedición tenía como su misión asediar y ocupar Asunción. López, por el consejo de Urquiza, se disculpó por todo, acordó pagar compensación a Hopkins y la Armada, y abrió sus ríos a la navegación estadounidense. (Love, 243)

El incidente Water Witch es muy similar al caso Baltimore. Los dos empezaron por insultos pequeños y casi terminaron en la guerra. Aunque los incidentes aparecieron muy tontos para observadores modernos, para personas en el siglo XIX los episodios eran tan importantes que ellos estaban listos para pelear, morir y exigir reparación para el honor de la patria. Los dos incidentes no fueron a la guerra porque Chile, en el caso Baltimore, y Paraguay, en el incidente Water Witch, eran más débiles que los EE.UU. La actitud de muchos en el siglo XIX se ejemplifica en el consejo de teniente Page cuando aconsejó al secretario del Estado que “hay algunos gobiernos con quienes relaciones pacíficas y amables… pueden mantenerse solo por una exhibición de fuerza suficiente y una determinación a someterse a ninguna indignidad.” (Comisión de Relaciones Exteriores, 39) Lo que se consideró acciones aceptables para naciones durante del siglo XIX era bastante diferente de lo que se permite hoy. Por lo tanto, considerando el caso Baltimore con el incidente Water Witch en la mente, el caso Baltimore ya no aparece como una falta diplomática, sino más bien como un episodio donde la diplomática siguió reglas muy diferentes y donde que una acción que hoy se considera infantil era completamente legitima. Las leyes de la diplomática en el siglo XIX eran diferentes que hoy, si países no jugaron con respeto de estas leyes, ellos ya ha perdieron

[1] Todas las traducciones de citas son del autor.